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Mensaje de bienvenida con motivo de la inauguración del Proyecto Transformación Curricular en Salud

Agradezco la oportunidad que tenemos hoy de conversar con ustedes sobre un tema tan importante y de tanta actualidad. La creciente intolerancia de algunos grupos extremistas, y que utilizan la violencia contra las usuarias y proveedores de servicios de aborto, nuevamente ha provocado la trágica muerte de un colega de ustedes, un médico ginecólogo proveedor de servicios de aborto en Buffalo, New York. Esto es algo terriblemente lamentable, pero también es una señal de cuán importante es el tema que abordamos hoy.

Como mujer puertorriqueña y como científica social que llevo investigando este tema por casi una década, soy de la opinión que son fundamentalmente ustedes y otros profesionales de la salud, como las enfermeras, los que tendrán la responsabilidad de garantizar que el derecho al aborto no sea letra muerta, y que la atención sanitaria sobre este tema se provea con respeto humano e integridad profesional.

Las creencias religiosas de las personas en general, y de los profesionales de la salud en particular, no deben ser un obstaáculo para brindar consejería y orientación adecuadas, y servicios de la más alta calidad. Por supuesto, también se debe respetar y entender la decisión de cada profesional de hacer o no hacer abortos. Pero, tanto una cosa como la otra, debe ir guiada por la premisa de que son ustedes profesionales de la salud comprometidos, sobre todo, con la salud de sus pacientes.

En esta época de tanta alegada modernidad, pero también de tanta intolerancia a la diversidad, es fundamental recalcar la responsabiliad que tienen los profesionales de la salud de salvaguardar el derecho humano que tienen las mujeres de decidir sobre su salud y vida reproductiva. La realidad de muchos países vecinos nuestros nos recuerda que la criminalización del aborto significa la muerte y la enfermedad para las mujeres. En América Latina y el Caribe mueren alrededor de 10,000 mujeres al año por complicaciones de abortos inseguros. Hay países que, como Chile, hasta las meten presas. En Puerto Rico se ha perdido la memoria histórica de lo que fue la ilegalidad del aborto. En estos momentos, hay varios proyectos de ley en la Legislatura que pretenden restringir el acceso de las mujeres al aborto. La experiencia que está atravesando Estados Unidos nos ilustra que restricciones similares provocan embarazos no deseados y peligrosas compliacciones de salud para las mujeres.

Yo les exhorto a que escuchen a nuestros invitados, expresen sus dudas, preguntas y opiniones, a que entablemos un diálogo de respeto y altura profesional sobre un tema que en definitiva es un asunto de salud pública. Agradezco su presencia y la presencia de los conferenciantes. Confío en que este primer seminario sea el inicio de otras jornadas que nos ayuden a crecer como profesionales de la salud, y sobre todo como puertorriqueñas y puertorriqueños comprometidos con garantizar los derechos humanos de las mujeres. Muchas gracias.

 


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